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A la vista de que probablemente este sea el último lugar que pisen, optan por hacer vida de turistas, mientras no llega la llamada del jefe. Ray sigue obsesionado con el fracaso del trabajo y comienza a odiar la ciudad, por el contrario Ken consigue relajarse y disfrutar de los encantos de ésta. Cuanto mas se alargue la espera, mas surrealistas serán las situaciones que les irán ocurriendo.
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